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dijous, 10 de març del 2011

La historia de la noche de San Juan

Seis meses después de la Navidad se celebra la llegada del solsticio de verano durante la noche más corta del año. La fiesta de San Juan Bautista se celebra ese día, el 24 de junio; es el santo más festejado en Europa y uno de los días en que más onomásticas se celebran en el mundo: Juan, Joan, Jean, John, Iván, Sean...

     Una de las razones de su popularidad es la coincidencia del 24 de junio con el solsticio de verano, una de las fechas más importantes para muchos pueblos desde tiempos remotos, especialmente los pueblos del mar Mediterráneo. Las celebraciones de San Juan son de origen pagano y han heredado una serie de rituales, prácticas y costumbres que parecen estar basadas en celebraciones precristianas. Esa noche no sólo se celebra en España. Por toda Europa hay festivales que marcan la llegada del verano y también en Hispanoamérica y Brasil, trasladados desde la Península, aunque en algunos países no coincida con el solsticio de verano sino con el del invierno. Véase el caso de Brasil, donde las celebraciones en torno a San Juan son famosas en los estados de Bahía y Pernambuco.
Uno de los antecedentes que se puede buscar a esta festividad es la celebración celta del Beltaine, que se realizaba el primero de mayo. El nombre significaba "fuego de Bel" o "bello fuego" y era un festival anual en honor al dios Belenos. Durante el Beltaine se encendían hogueras que eran coronadas por los más arriesgados con largas pértigas. Después los druidas hacían pasar el ganado entre las llamas para purificarlo y defenderlo contra las enfermedades. A la vez, rogaban a los dioses que el año fuera fructífero y no dudaban en sacrificar algún animal para que sus plegarias fueran mejor atendidas.
Otra de las raíces de tan singular noche hay que buscarla en las fiestas griegas dedicadas al dios Apolo, que se celebraban en el solsticio de verano encendiendo grandes hogueras de carácter purificador. Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas. Ya entonces se atribuían propiedades medicinales a la hierbas recogidas en aquellos días.
Es curioso que entre los beréberes de África del norte (Marruecos y Argelia) se enciendan el 24 de junio, durante la fiesta llamada ansara, hogueras que producen un denso humo considerado protector de los campos cultivados. A través del fuego se hacen pasar entonces los objetos y utensilios más importantes del hogar. Los beréberes las encienden en patios, caminos, campos y encrucijadas y queman plantas aromáticas. Prácticamente ahuman todo, incluso los huertos y las mieses. Saltan siete veces sobre las brasas, pasean las ramas encendidas por el interior de las casas y hasta las acercan a los enfermos para purificar e inmunizar el entorno de todos los males.

Lo cierto es que esta costumbre beréber de celebrar el solsticio es preislámica porque se basa en el calendario solar, mientras que el musulmán es lunar.
La noche de San Juan, 23 de junio, es la más corta del año en el hemisferio norte y significa el triunfo de la luz sobre la oscuridad. En sus rituales las características principales son el sol, el fuego y el agua, y las hogueras que se encienden esa noche preservan de todo mal durante un año. La leyenda dice que las cenizas curan las enfermedades de la piel y que es conveniente saltar la hoguera un mínimo de tres veces para tener un buen año. Es una noche mágica en la que todo puede suceder, cuando las hierbas tienen propiedades que todo lo curan o espantan malos espíritus, las mozas encuentran novio y el amor no tiene ataduras. Los tesoros escondidos brillan y pueden ser descubiertos, y quien coge la hierba llamada "verbena" queda curado de todo mal. De aquí viene que en castellano a la fiesta se le llame verbena.
Sin embargo, el elemento principal es el fuego. Los niños y las niñas recogen leña y muebles viejos bastantes días antes y los amontonan en un llano. La costumbre de encender fuegos parece que proviene de antiguos cultos paganos al sol , pero también está relacionada con la prevención de epidemias por el poder antiinfeccioso y de alejar los malos espíritus que posee el fuego. El culto al agua es una de las manifestaciones más importantes del día de S. Juan. Las aguas del mar, de los ríos y de las fuentes, incluida el agua de la rosada, adquieren este día unas virtudes especiales. Por alguna cosa S Juan era el Bautista y sabía aprovechar las virtudes purificadoras del agua al practicar el bautismo por inmersión. Desde muy antiguo y tras los intentos de la Iglesia de abolir estas costumbres, la iglesia acabó por dedicar un santo a cada fuente objeto de veneración.
            Ponerse en el agua a las doce del medio día tenía propiedades estimulantes y curativas. Por las supersticiones mucha gente iba a la playa pasando en vela toda la noche para ver bailar el sol sobre el horizonte por una vez en todo el año. También se aprovechaba para bañarse desnudo a las doce en punto para aprovechar la bondad de las abluciones y si había suerte encontrar una ola de agua dulce. Saltar tres olas consecutivas y pedir un deseo, etc.

            Revolcándose desnudo sobre el agua de la rosada se podía curar enfermedades de la piel y hacer crecer el pelo.

            La costumbre que sí se ha perdido es la ir a recolectar hierbas aromáticas. Las hierbas recogidas esa noche tienen unas virtudes especialmente mágicas. Se llaman hierbas de S. Juan y son principalmente el orégano, la hierba Luisa y la manzanilla. Se asegura que esta noche es la que aprovechan las brujas para buscar las hierbas que después utilizarán en sus prácticas mágicas. Es una noche propicia para la transmisión de remedios y oraciones ( mal de ojo, etc. ) o si se tiene la suerte de nacer en este día se tendrá la gracia y otros poderes extraordinarios.
            Así encontramos toda una serie de artes adivinatorias y mágicas, como las creadas alrededor de los espejos: si te miras en uno por la noche puedes ver tu enterramiento, o si se pone turbio al demonio. También existe en convencimiento que si duermes la siesta este día tendrás sueño el resto del año. Si sueñas con el enterramiento de alguna persona le daremos, por el contrario, una larga vida.

            Entre las prácticas adivinatorias de las solteras, encontramos la creencia de que al poner al sereno la clara de un huevo dentro de un plato lleno de agua al mañana siguiente al mirarlo, y según la forma  se sabrá el oficio de aquel con quien se casará. También se colocaba debajo de la cama tres cacaos: uno entero, uno medio pelado y otro fallado, a media noche metían la mano bajo la cama y cogían uno adivinando así un matrimonio feliz, medio o desdichado. Otras ponían tres papeles con el nombre de los pretendientes  que les hacían más gracia dentro de un vaso lleno de agua y aquel que se abriera primero sería el pretendiente con el que se casaría.

  Muchas y variadas son las celebraciones, costumbres y rituales de noche tan señalada. Celtas e íberos pensaban que las fuentes eran curativas, por lo que se cree que todas las aguas que se toman en la noche de San Juan son beneficiosas y algunas personas se bañan desnudas de madrugada en el río o el mar. Lope de Vega es el autor que más obras ha situado en el día de San Juan. También Shakespeare tiene una muy famosa : "El Sueño de una noche de Verano".



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